Prepararse para el bochorno del siglo
La "isla" que es Chile, su aislamiento y la propaganda constante, gratis y recurrente de que goza nuestra querida Patria, nos protege de hacer el ridículo internacional con asuntos tan increíbles como que regalamos el 70% de la producción del cobre a empresas trasnacionales que nada dejan en el país y que se lo llevan gratis, como quien dice por las dulces bolitas de que nos digan que fantásticos somos y que buenos niños o que bien nos portamos. La misma que nos cautela de que se rían a mandíbula batiente de nosotros cuando cerramos acuerdos comerciales con la EU que al final sólo significan que les entregamos gratis la masa biológica del mar o increíbles asuntos como que los chilenos -que ganan una vigésima parte de lo que ganan los europeos en sueldos- pagan casi el doble por el minuto de telefonía móvil, o mas de 50% por electricidad o que cuando el TLC con EEUU exige que privatizemos el agua potable, lo hacemos como disciplinados alumnos o cuando nos aprestamos a quitar la subvención al precio del trigo chileno para que -somos generosos nosotros- los campesinos del Medio Oeste de EEUU puedan vender su trigo en Chile y así nosotros ayudar a ese país a solucionar un problema sin que ellos rebajen subvención alguna a sus agricultores. Todo ello pasa desapercibido y nadie se ríe de nosotros por ser los tontones del continente que lo regalamos todo, a cambio de que nos feliciten como los "alumnos aventajados".
Lo que con seguridad no podremos cubrir con este manto tan gratificante, es la ceremonia de sepultación del exdictador Pinochet.
El gobierno tiene dos alternativas para enfrentar el imparable fallecimiento del exdictador: una, decir derechamente que no participará en ninguna ceremonia oficial de sepultación y que por ser el fallecido un personaje acusado de crímenes de lesa humanidad, no autorizará ninguna ceremonia militar o civil en su entierro y esta debe ser realizada por la familia y sus amigos sin pompa oficial alguna y dos, recurrir a lo que ya anunció el Ministro Secretario General de Gobierno señor Lagos, vale decir, "existen protocolos legales que no es posible modificar y el gobierno tiene que atenerse a ellos".
Es decir el ridículo está anunciado y como Pinochet es una figura mundial y es el arquetipo del dictador latinoamericano, brutal, uniformado, patético, criminal y mas encima prevaricador y es conocido mundialmente mucho mas que el vino chileno, el cobre, la cordillera de los Andes y otras especialidades chilenas, tendremos que tragarnos el amargo ridículo de ver a la Presidenta, al Comandante en Jefe del Ejército, a los Ministros, diputados, senadores, Jueces mayores y menores, militares, escuelas municipalizadas, tanques, banderas, cañones, tropas, escuelas militares, desfilar en honor del fallecido y asistiremos a un ceremonial protocolar al cual muchos embajadores, con la piel mas fina que nosotros, se negarán a asistir. Nos obligarán a ver que el Obispo Católico y el Obispo protestante hagan misas de difuntos con corales y orquestas sinfónicas y tendremos que seguir el cortejo desde la Catedral (sea la evangélica o la católica) hasta el cementerio en que decidan enterrarlo.
Es decir esta vez no daremos un ejemplo para el mundo, sino que seremos el hazmerreir del mismo.
Pinochet como persona, la verdad sea dicha, es poco lo que me importa. Hay muchos como el, incluso mas viejos y en mejores condiciones en Chile. Es bisabuelo, abuelo, padre y esposo de su señora. En su casa seguramente que es simpático y dicharachero. Lo poco que lo conocemos nos dice que debe ser medio socarrón y divertido. Una persona como hay muchas en Chile. El problema aparece con la figura histórica Pinochet.
Los que piden que lo metan en la cárcel se equivocan, primero porque el mas elemental humanismo impide que se meta en prisión a un anciano de 91 años y segundo porque no tiene sentido alguno y mancharía con un aire de venganza la condena judicial.
El problema con la figura de Pinochet anda por otro lado. Si no lo condenan y si lo entierran con la pompa que quisieran sus adláteres como el tal Perez de Arce, tendremos el primer punto de una alfombra que irá tejiendo una leyenda que al final y cuando esté terminada, nos pondrá a Pinochet en las plazas de Chile en forma de estatua, nombrará nuestras calles y provincias (con lo aficionados que somos a ponerle nombres de personajes a nuestra avenidas, olvidando que hay nombres mejores) y se transformará en un "prócer" sin merecerlo de ninguna manera. Todo bajo el manto de lo que sus panegíricos que anuncian "el juicio de la historia" como quien dice "La historia me absolverá" de Fidel Castro. Claro, que en el caso del dirigente cubano fue así y en el caso de Pinochet así lo harán, si insistimos en hacer el ridiculo internacional que se apresta a caer sobre nosotros.
Así es que deberemos estar preparados estimados colegas: primero a ser víctimas del ridículo y la vergüenza ajena que nos embargará y segundo a escribir como si "aquí no ha pasado nada" y quemarse las pestañas haciendo refritos con la biografía, los hechos y los datos de la vida del fallecido y enterrado con tanta pompa, tanto honor y tanta gloria y tendremos que tragarnos las ganas de ponerlo en su verdadera dimensión ante Chile y el mundo.
Les puedo asegurar que el tonito irónico de las informaciones periodísticas europeas acerca de la "ceremonia" será insoportable, que los mas zafios se reirán sin freno y yo personalmente tendré que esconderme en mi casa y no responder el teléfono porque me llamarán para exigirme que aclare tan surrealista, increíble y famoso comportamiento en Chile, lo que no podré hacer y que no creo que alguien pueda explicar.
Buen provecho.
El bochorno está anunciado y la indignidad de nuestros gobernantes ya es conocida, así es que no se quejen.
